Circular 2026.12 - Consideraciones sobre la Santa cena (Ref. a la Circular Nº 250/2026 de 05/04/2026 RGE Brasil)
Circular - Consideraciones sobre la Santa cena (Ref. a la Circular Nº 250/2026 de 05/04/2026 RGE Brasil)
30 de agosto de 2026
Publicado en 30 de agosto de 2026
Caros hermanos,
La paz de Dios.
Los evangelistas narraron, aunque de forma análoga, sobre la Santa cena, lo siguiente:
‘’Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. 27 Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos’’ (Mt 26:26)
La intención del Señor Jesucristo con este sacramento es claramente espiritual, ya que señala una nueva y definitiva alianza entre Él y la Iglesia, escribiendo un Nuevo Testamento con Su sangre. No se trata, por tanto, del establecimiento de un milagro de transformación (o transubstanciación), ni siquiera como el que tuvo lugar en las bodas de Caná, cuando se produjo una alteración en la sustancia de los elementos, está claro que Cristo está presente durante todo este sacramento, pues Él habita en nuestros corazones a través de la presencia del Espíritu Santo.
Sin embargo, físicamente, durante la Santa cena, el pan no se transforma en carne ni el vino en sangre biológica. Esta visión equivocada trae consigo una cuestión controvertida, es decir, si hubiera un cambio de materia en esos momentos, de pan a carne y de vino a sangre, Jesucristo estaría siendo ofrecido continuamente en sacrificio por los pecados de la humanidad, contrariamente a lo que está escrito
‘’Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios’’ (Heb. 10:12)
‘’Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu’’ (1 Ped. 3:18)
Dios se hizo carne en Jesucristo, siendo él verdadero hombre y verdadero Dios, constituyéndose así en el verdadero pan que descendió de los cielos (Juan 6:41). Su naturaleza humana, Jesús tenía limitaciones que la naturaleza divina de Dios nunca experimenta, ya que estas dos naturalezas son distintas entre sí. Sin embargo, al resucitar triunfante, asumió todo el poder en el cielo y en la tierra, sentándose a la diestra de Dios en un cuerpo glorificado. Así, Cristo está a la diestra de Dios en un cuerpo de gloria, por lo que no tiene sentido que se materialice en los sacramentos de la santa cena en su cuerpo biológico y físico, en miles de templos simultáneamente, ya que tal concepción presupone la omnipresencia de su naturaleza humana, lo cual no es posible, ya que esto contradice las características de un cuerpo humano, que no posee los atributos incomunicables de Dios, como la omnipresencia, por ejemplo.
Creemos y confesamos, en efecto, la verdadera presencia espiritual del Señor Jesús en la celebración de la santa cena. Sin embargo, esta comprensión debe ser siempre espiritual, tal y como propuso el Señor:
’’Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.’’ (Juan 6:55)
Por eso debemos actuar con cautela cuando se trata de residuos del pan y del cáliz; una vez terminada la santa cena, hay que evitar excesos como enterrar esos residuos del pan y del cáliz como si estuviera sepultando un cuerpo. La manera de proceder con lo que resta de ese servicio sagrado debe seguir siendo sencilla, como siempre ha sido.
Vuestros hermanos em Jesucristo,
Consejo de los Ancianos más antiguos
